El perfume de Ál Ándalus


Cerremos un momento los ojos…En el palacio del sultán Muhammad V en la Alhambra, los últimos días del invierno alargan las tardes al calor de los braseros que caldean las estancias reales, perfumadas con una mezcla de alcanfor, musgo, sándalo y agua de rosas, un auténtico festín olfativo. Estamos en el año 1365, en el máximo esplendor de la dinastía nazarí, y uno de los hombres más poderosos del reino, el médico-filósofo-poeta y político, Ibn Al-Jatib acaba de completar la fundación del gran Maristán, el hospital supremo, en el que por primera vez se tratan las pandemias, como la peste, preconizando la higiene y la asepsia, el propio Al-Jatib ha prescrito sahumerios a base de estoraque, incienso y ámbar, a los que también se añadían flores de lavanda para prevenir enfermedades infecciosas. En los baños del palacio, a los que acuden regularmente los hombres y las mujeres de la gran corte nazarí, el aroma del ámbar se mezcla con el de azahar, rosas, jazmín o arrayán, en forma de ungüentos, aceites y aguas de belleza, mientras el cuerpo se relaja y se renueva en la atmósfera caliente y húmeda del Hammam, los vestidos se perfuman con aguas de naranja, limón, hierbabuena o melisa…

No muy lejos del palacio real del sultán y de las estancias en las que poetas, médicos, filósofos y administradores mantienen los esplendores del reino, la mezquita se perfuma con almizcle, al-misk, una esencia extraordinariamente rara, que eleva el espíritu y propicia la conexión con lo divino. 

Al filo del siglo XV, cuando falta tan poco para que el sueño nazarí termine bruscamente, Al-Ándalus es un gran jardín, un vergel en el que se han aclimatado plantas, árboles frutales, especies florales, hierbas medicinales, y este jardín es una increíble despensa de olores al servicio de una civilización para la que el olfato estaba íntimamente ligado a su ideal de belleza, salud y refinamiento. 

La historiadora Alicia Girona resume perfectamente la importancia de la cultura olfativa andalusí, 



"Las especias y esencias olorosas eran fundamentales en la tradición de al-Ándalus. Entre otras razones, debido a la consideración de estas como algo beneficioso para la salud, puesto que supuestamente tonificaban el cerebro y eran un estímulo sensorial, fueron muy apreciadas por la población andalusí: masculina y femenina, y de todas las clases sociales."

"Gracias a una larga y amplia red comercial, dichas sustancias perfumadas llegaban a al-Ándalus importados a través de las rutas de las especias. Estos podían usarse de diversas maneras y en distintos estados, como serían en forma de perfumes líquidos y cosméticos o, incluso, destinados al sahumerio. En cuanto a esto último, debemos tener en cuenta que la palabra incienso se refiere – además de al olíbano– a cualquier materia que pueda quemarse para perfumar un lugar cultural o doméstico, ropa o partes del cuerpo humano."

Al Ándalus fue un enorme laboratorio en el que médicos, alquimistas, botánicos, asimilaban todo el conocimiento venido de oriente, en particular de Persia, Siria, Arabia… a través de las rutas de la seda y las especias, para transformarlo en una cultura de bienestar extraordinariamente avanzada para la época. 

La preferencia de los andalusíes por los aromas amaderados como el alcanfor, el cedro, el ámbar de resina, especiados como el clavo o el azafrán, de origen animal como el almizcle extraído de una glándula que poseen los ciervos almizcleros machos, tiene que ver con su poder de fijación y su duración, lo que permitía perfumar el cuero o los tejidos y mantener su olor durante más tiempo, cuando se trataba de aromas florales reinaban los acordes más dulces como la rosa, el jazmín o el azahar, una sinfonía en la que el misterio y la sensualidad convivían perfectamente con las necesidades de la higiene, la salud y la elevación del espíritu. 



Nada de todo esto se puede entender sin la omnipresencia del baño, hay que pensar que en las grandes ciudades andalusíes como Granada, Córdoba, Málaga o Murcia por citar solo algunas, había cientos de baños a los que hombres y mujeres de toda condición, acudían regularmente para purificarse, dar un respiro al cuerpo y estimular los sentidos. En cada establecimiento de baños se ofrecía un sinfín de preparados cosméticos perfumados que convertían el hammam en un auténtico centro de belleza.

Nunca una cultura dio tanta importancia al sentido del olfato, y esa tripe dimensión, hedonista, médica y espiritual, es la que convierte la tradición andalusí en una fuente inagotable de bienestar para el cuerpo y el espíritu.

Volvamos a cerrar los ojos, el invierno está a punto de terminar y la primavera traerá un nuevo esplendor a los jardines del palacio de Muhammad V en la Alhambra, entonces la corte pasará las tardes paseando por el jardín, aspirando el olor de los rosales, los limoneros en flor y la tierra húmeda al sol, la vida tiene también su olor. 

Vivir sin estaciones… ¿Es posible?