Naturaleza y simetría en la estética andalusí

Naturaleza y simetría en la estética andalusí

Al-Ándalus fue una civilización fascinada por el orden y la armonía, pues consideraba que ambos eran pilares fundamentales para alcanzar la serenidad del espíritu y el pleno disfrute de la belleza.  

El orden como lenguaje simbólico: la geometría en el jardín andalusí

Esta fascinación por el orden está estrechamente relacionada con el desarrollo de las matemáticas aplicadas al diseño. Estos conocimientos, que llegaron a Al-Ándalus desde el Califato de Damasco a partir del siglo VIII, tuvieron representantes tan ilustres como Abu-I-Mutajsa, uno de los consejeros más influyentes de Abderramán I. 

En el arte islámico la representación figurativa se limitaba a algunos espacios de uso privado, como los famosos leones de la Alhambra, encargados por el sultán Muhammad V en el siglo XIV. Por eso la geometría se convirtió en un lenguaje capaz de expresar la naturaleza, dando lugar a un sistema de símbolos cuya complejidad, delicadeza y vitalidad resultan asombrosas.

En las paredes de la Alhambra está el mejor ejemplo: los alicatados. Estas proezas artísticas y técnicas transmiten sensaciones orgánicas mediante el juego de las formas geométricas: jardines de flores, pájaros en vuelo, peces en un estanque. El arte nazarí de los alicatados representa una forma sublime de transmitir vida y movimiento a través de la geometría.

La simetría y los efectos del color de los azulejos contribuyen a conectar el orden interior con la armonía espacial del jardín exterior. Aunque sería necesario elevarse como un dron para contemplar la precisión simétrica con la que se ha concebido un jardín andalusí, la sensación de equilibrio y paz se percibe en cada rincón.

Un jardín andalusí es un jardín para los sentidos, para la inspiración y también para el disfrute cotidiano. Su trazado geométrico representa una estrella: una fuente central de la que parten cuatro acequias que simbolizan los cuatro ríos que conducen al paraíso, así como los cuatro puntos cardinales. 

Los parterres resultantes albergan los elementos esenciales del jardín: las flores, las plantas aromáticas, los frutales y el huerto. Todo ello señalizado por el curso del agua.

El agua como eje de armonía en el jardín andalusí

La veneración por el agua fue clave en toda la civilización de Al-Ándalus. La ingeniería hidráulica marcó, a partir del siglo XI, un desarrollo extraordinario de la agronomía, con figuras tan destacadas como Ibn al-Awwam (siglo XII), que contribuyeron a convertir la escuela agronómica andalusí en un referente de su tiempo.

En Al-Ándalus, el agua era el origen de todo. Sus habitantes sabían encontrarla, canalizarla y aprovecharla hasta la última gota. Resulta fascinante conocer el sistema mediante el cual el agua pura de Sierra Nevada llegaba, a través de la Acequia Real (siglo XIII), hasta los pies de la Alhambra, así como el ingenioso mecanismo de pozos y norias que permitía elevarla hasta los jardines.

Situada en el centro del jardín, la fuente marca el punto de partida de las acequias que forman sus ejes principales y que, a su vez, se ramifican en pequeños canales. De este modo, se trazan las líneas que configuran una simetría perfecta. En ocasiones, las fuentes se complementan con estanques longitudinales, alrededor de los cuales crecen setos de arrayán que perfuman las tardes soleadas. El conjunto refresca y revitaliza los sentidos, serena la mente y eleva el espíritu. Esta dimensión poética y espiritual del jardín andalusí es la que da lugar a todo un lenguaje de símbolos y metáforas. 


El jardín como representación simbólica del paraíso

El jardín andalusí es una metáfora, una representación del sentido religioso de la vida que impregnó la filosofía mística sufí, cuya figura más destacada fue el filósofo murciano Ibn Arabí (siglo XIII). La cultura andalusí se desarrolló entre el ascetismo, la aspiración a lo divino y la voluptuosidad.

Cerrado y oculto a las miradas, el jardín es, al mismo tiempo, un refugio espiritual y un paraíso para los sentidos. Este mismo principio inspiró la creación de los jardines de Medina Azahara en el siglo X y los del Generalife durante el reinado del sultán nazarí Muhammad II, en el siglo XIII. 

Los reyes crearon los jardines, pero fueron los poetas y filósofos, como Ibn Hazm (siglo XI), quienes dieron forma a una narrativa sublime en torno a la imagen del jardín como un Edén en la tierra.

Vegetación con significado en la tradición andalusí

La idea más clara de cómo eran los jardines andalusíes nos ha llegado a través de los tratados de los grandes botánicos de la época, especialmente de uno de los más renombrados: Ibn Bassal. Auténtico experimentador, fue el creador de la «Huerta del Rey» en Toledo y del monumental «Jardín del Sultán» en Sevilla realizado por encargo del rey Al-Mutámid.

El sentido espiritual y sensual del jardín como imagen del paraíso se expresa a través de su extraordinaria riqueza botánica. En primer lugar, destacan las flores aromáticas, por su belleza y su fragancia: jazmín, rosa, alhelí, azucena y violeta, asociadas a la pureza espiritual y a los placeres celestiales.

El jardín es un espacio cerrado, protegido de las miradas. A lo largo de sus muros crecen los cipreses, que representan a los guardianes del espíritu. En ocasiones, los granados acompañan los senderos y los delimitan, simbolizando la fertilidad, la abundancia, el poder soberano y la realeza.

En torno a los estanques crece el arrayán, también conocido como mirto, formando setos perfectamente delineados. Su follaje siempre verde y su aroma persistente simbolizan la perfección del alma.

A pesar de ser la planta más presente en la poesía árabe, la palmera tuvo una presencia discreta, aunque significativa, en los jardines andalusíes. Su tronco esbelto, erguido como un eje vertical, simboliza la unión entre la tierra y el cielo, como si fuera la columna vertebral del mundo. Es también el árbol que representa la resistencia ante la aridez, la sombra benéfica y el placer de un dátil delicioso.

¿Cómo trasladar ese simbolismo a tu rutina de cuidado con El Jardín de Hammam?

El Jardín de Hammam ha creado sus rituales en torno a los tres pilares fundamentales del jardín de Al-Ándalus: la botánica, la sensorialidad y la poesía.

Sabemos que el cuidado del cuerpo y del rostro requiere productos con ingredientes naturales que aporten los beneficios de las plantas y el placer de los aromas. Pero también sabemos que el cuidado personal puede convertirse en una práctica motivadora y equilibrante para la mente y el espíritu.

Estos son algunos rituales de cuidado inspirados en el jardín andalusí.


El ritual renovador que también eleva el espíritu

El jardín es un espacio de renovación constante, que sigue el ritmo de las estaciones.

¿Cómo lo hago? 

  1. Prepara un baño caliente y sumérgete durante cinco minutos. 
  2. Enjabona todo el cuerpo con el jabón nutritivo en pastilla, con aroma a azahar.
  3. Vuelve a sumergirte durante otros cinco minutos. Con la piel húmeda, aplica el aceite hidro-nutritivo Pasión de Azahar, masajeando todo el cuerpo. 
  4. Sumérgete de nuevo durante un minuto. 
  5. Seca la piel sin frotar y vaporiza la bruma Pasión de Azahar por todo el cuerpo.

¿Qué simboliza el azahar? 

Es la flor de la pureza, la alegría y la renovación.

El ritual calmante que también te inspira

El jardín es una fuente inagotable de inspiración para los poetas andalusíes. Las flores y, en especial la rosa, ocupan un lugar central en el universo poético del jardín.

¿Cómo lo hago? 

  1. Date una ducha tibia y corta utilizando el jabón perfumado al jazmín. 
  2. Termina con agua fría en las piernas. Con la piel bien seca, aplica la crema corporal perfumada con nenúfar y mirto. 
  3. A continuación, extiende sobre el rostro una capa muy fina de la crema Rosa Eterna. 
  4. Vaporiza la bruma Rosal en Calma sobre un paño limpio de lino o de algodón muy fino, colócalo sobre el rostro y relájate durante unos minutos en posición tumbada.

¿Qué simbolizan la rosa y el jazmín? 

La rosa representa la sensualidad y también la belleza que se contempla. El jazmín simboliza el afecto y la amabilidad, también hacia una misma.

El ritual purificante que abre el espíritu

El jardín es un lugar de purificación a través del agua y las plantas, una forma de acercarse a lo divino.

¿Cómo lo hago? 

  1. Date una ducha bien caliente y deja que se forme vapor de agua. 
  2. Toma una cantidad de Crema de jabón negro con eucalipto y aplícala sobre la piel mojada con el guante Kessa, masajeando desde los pies hasta los hombros. 
  3. Aclara bien con agua caliente. Con la piel húmeda, aplica una pequeña cantidad de aceite Menta Vital en las zonas más secas del cuerpo: hombros, codos, rodillas, antebrazos, pantorrillas… 
  4. Termina vaporizando la bruma Menta Vital por todo el cuerpo, respirando profundamente para disfrutar de su aroma.

¿Qué simboliza la menta? 

La menta abre y estimula el espíritu. Por eso, es la planta de la bienvenida.

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La cultura del agua y el bienestar en Al-Ándalus