El Agua, principio de todo
El agua es el origen de la vida y el principio fundamental del cuidado y el bienestar en el hammam, heredero de la tradición del baño árabe y la cultura del vapor. El recorrido del agua es el ritual de entrada a todos los beneficios que recibe el organismo por dentro y por fuera.
Cómo actúa el agua caliente en la piel
Tu piel—el órgano más grande del cuerpo—responde de distinta forma al contacto con el agua según la temperatura. El paso previo por una ducha de agua tibia refuerza la vitalidad de la piel y la prepara para recibir todos los beneficios del agua caliente y el vapor.
En cada caso, es imprescindible tener en cuenta el tipo y el estado de cada piel. Las pieles más delicadas deberán controlar más el los cambios de temperatura del agua. Es conveniente que la transición sea lenta y progresiva, para obtener el máximo de beneficios tanto a nivel cutáneo como para el resto del organismo.
- Las termas calientes son especialmente terapéuticas para relajar el sistema muscular y aliviar la tensión. La inmersión ayuda a dilatar los vasos sanguíneos, mejorando el flujo de la sangre y reduciendo la rigidez muscular. Una ducha posterior con agua tibia refuerza el efecto relajante en los músculos y en las articulaciones, aliviando dolor, tensión y calambres.
- La inmersión en agua caliente y especialmente la exposición al vapor de agua da lugar a todo un proceso de auto-purificación de la piel. Al activarse la circulación sanguínea la epidermis recibe más oxígeno y nutrientes. A través de los poros abiertos se eliminan impurezas y se refuerza la salud de las células, la producción de colágeno y el proceso de reparación de la piel. Después de una sesión de vapor termal la piel se ve más luminosa.
- El vapor de agua potencia la eliminación del exceso de grasa, suciedad y células muertas, principales causantes del aspecto apagado y desvitalizado de la piel. Por eso es el preludio ideal para continuar con el proceso de exfoliación que renueva y tonifica la piel.
Beneficios del baño caliente para el organismo
Para la piel y el equilibrio hormonal
El estrés afecta negativamente a la piel debido a la segregación de cortisol que a su vez eleva la producción de grasa, ralentiza la renovación celular y acelera el envejecimiento prematuro. La inmersión en una terma caliente o el baño de vapor reduce el estrés y los niveles de cortisol. Esta regulación hormonal beneficia directamente al estado de la piel: mejor equilibrio del manto graso, un tono más uniforme y luminoso, mayor elasticidad.
Para el descanso y la regeneración de la piel
Muchas personas que habitualmente practican el baño caliente y de vapor, experimentan una mejora en el sueño y el descanso. El proceso natural de regeneración y reparación de la piel ocurre sobre todo durante el sueño. Un buen descanso favorece también un mejor aprovechamiento de los cosméticos y sus activos.
Antes del baño caliente
Una ducha con agua tibia y un jabón natural que elimine los restos de sudor, contaminación, filtros solares, restos de maquillaje, perfumes, etc. Así la piel queda limpia, tonificada y lista para el siguiente paso.
Después del baño caliente o vapor
Lo más importante es hidratarse por dentro y por fuera. Para no generar un shock térmico lo más recomendable es beber una o varias tazas de té verde o una infusión similar, evitando las bebidas frías. Ahora es el momento ideal para aplicar una crema hidratante, un aceite nutritivo o una mascarilla renovadora ya que la piel absorberá mejor los activos.
Adaptar la duración según el tipo de piel
Siempre hay que tener en cuenta el tipo y el estado de cada piel para regular adecuadamente la duración del baño caliente y el baño de vapor. Las pieles más grasas o con acné leve pueden alargar más la duración o realizarla con más intensidad, la piel seca necesitará sesiones más cortas y espaciadas.
Para las pieles más sensibles, reactivas o con rosácea el agua caliente o los baños de vapor no son recomendables y optarán mejor por el agua tibia evitando cambios bruscos de temperatura.